Un domingo algo diferente

Iniciamos el Domingo con una sesión de novios muy hogareña. Jóvenes, alegres y resolutivos a la hora de decidir vivir juntos, porque se quieren, se aman, y desean compartir sus vidas en pareja.

Un comienzo como otro cualquiera dentro de su vida cotidiana. El sol sale, suben las persianas y dejan que entren los primeros rayos de sol a su habitación mientras alguien muy especial para ellos les da los buenos días.

< Me gustas cuando dices tonterías, cuando metes la pata, cuando mientes, cuando te vas de compras con tu madre y llego tarde al cine por tu culpa.

Me gustas más cuando es mi cumpleaños y me cubres de besos y de nata, o cuando eres feliz y se te nota, o cuando eres genial con una frase que lo resume todo, o cuando ríes.

Pero aún me gustas más, tanto que casi no puedo resistirme, cuando, llena de vida, te despiertas y lo primero que haces es decirme: «Tengo un hambre feroz esta mañana. Voy a empezar contigo el desayuno».>

Llega nuestro momento de tranquilidad. Las tareas de casa están acabadas y podemos compartir, relajadamente, nuestro instante especial, juntos, donde no nos decimos mucho, porque nuestras miradas son un claro ejemplo de que nos queremos y lo sabemos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El reloj se para un instante en el pasillo. Nos miramos y un silencio nos abraza, nos une en un sentimiento mutuo donde sobran las palabras y nuestras miradas lo dicen todo.

Un silencio que nos mantiene juntos en el sillón de casa. Tranquilos, relajados, disfrutando de lo poco que nos decimos y lo mucho que expresamos.

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